
El hombre, ese ser creado por Dios a través de la naturaleza a su imagen y semejanza, se aleja inexorablemente de aquella particularidad espiritual que junto con la evolución de nuestro intelecto hacia lo que es correcto, deben formar la esencia humana. Durante milenios, diversas civilizaciones han estado envueltas en actos de barbarie y, a través de los siglos no hemos evolucionado para ser realmente "civilizados", siendo testigos de la crueldad del hombre contra su propia especie. Las guerras, venganzas o matanzas así como la tortura, persecución, privación de la libertad y hasta el sadismo por diversión, son ejemplos de sucesos que el pretendido "ser humano" ha realizado equivocadamente en defenza de su raza, ideología, cultura o religión, siendo el fanatismo el causante de pretender defender o imponer dogmas sin respetar las demás.
No hemos aprendido a respetar el sentir de nuestro congéneres, ni sus vidas; mucho menos hemos tenido consideración alguna por la naturaleza. Entre más civilizados deberíamos estar, ocurre lo contrario; estamos inmersos en un mundo de violencia que empieza dentro de nuestras propias comunidades. El comportamiento de individuos que guían los grandes intereses políticos y económicos de países desarrollados o en vías de desarrollo y la de las grandes industrias y empresas, aunados a la honestidad o currupción de políticos o funcionarios que se aprobechan de la ignoracia de los pueblos y las actuaciones loables o triviales de los individuos, son las acciones que deben determinar el grado de civilización de cada pueblo.
Actualmente, el término "civilización" sólo abarca los avances científicos, tecnológicos, industriales o las grandes construcciones y mega proyectos; todo creado por el hombre, quien se encuentra racionalmente estancado al no comprender el significado completo de la palabra "respeto".
El hombre debe ser conciente de su responsabilidad sobre la faz del planeta; que por muy genio, profesional y culto que crea ser, mientras no respete la coexistencia con los seres vivos y con el hábitat indispensable para su supervivencia, así como las idiosincrasias del prójimo, seguirá siendo no sólo incivilizado sinó "el animal más depredador de la naturaleza".
Rocio Montivero.
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